Doima, corregimiento del municipio de Piedras en el departamento del Tolima, que por mucho tiempo fue ocupado por comunidades indígenas Pijao y en particular Panches, está ubicado a 30 minutos de la ciudad de Ibagué y tiene una población de aproximadamente 2.800 habitantes.

Es el punto de referencia de San Francisco Campestre, es bañada a cada segundo por el río Opia, afluente de gran belleza, que desemboca en el río Magdalena, luego de recorrer las espectaculares y profundas piscinas naturales que lo han convertido en un destino turístico por excelencia desde hace décadas.

Este maravilloso río, tiene una trágica historia ancestral que explica su surgimiento y el de las famosas ostras de agua dulce, únicas en Colombia, que se mantiene viva gracias a los relatos de los piedrunos y doimunos, que la narran con orgullo.

Cuenta la leyenda que había una vez un jefe panche que le preguntaba a su hija Bulira cada noche:

Hija, ¿cuándo conoceré al príncipe elegido para poder enseñarle nuestros secretos, las fórmulas sagradas y la cueva del tesoro? No me queda mucho de vida, hija.

Ay, padre, no where to buy hcg hables así que me entristeces.

Hija, el tiempo pasa rápido, y los que envejecemos tenemos que buscar a quién entregar el poder.

Un poco más allá de la aldea, al oeste, acampaba el príncipe Tota, con su guardia de honor, brujos y capitanes. Un poco más allá de la aldea, al este, estaba el otro pretendiente de la princesa, Opia, acompañado de su maestro y de un criado. No llevaba ni una lanza.

Tota, para seducir a la princesa, hacía desfiles militares y fiestas en su honor. Opia, le enviaba pájaros de siete colores y le sugería normas para mejorar la vida de la comunidad. Ella era amable con ambos, pero no se decidía. Tota comenzaba a enfadarse y hacía planes de conquista. Opia hallaba hermosa la espera.

Una mañana, cuando Opia buscaba unos pescadillos en mitad del arroyo, era observado por Bulira desde la otra orilla, quien le miraba de forma cariñosa. Cuando apareció Tota, se llenó de celos, preparó su cerbatana y disparó. El dardo atravesó el cuello de Opia, quien cayó suavemente en las aguas y murió mirando a su amada con una sonrisa.

Bulira gritó de rabia, y Tota huyó asustado.

Bulira lloró sin consuelo y sin descanso sobre el río. Vertió lágrimas hasta perder sus ojos, que se convirtieron en dos grandes perlas de ostras doradas.

Y dice la leyenda que, desde entonces, el río Opia de Tolima, ubicado muy cerca del Condominio San Francisco Campestre, se llenó de ostras, que son las lágrimas de Bulira, la enamorada ciega.

Tomado del Libro ‘Cuentos y leyendas hispanoamericanos’, GARRALÓN, Ana, Elección, adaptación y comentarios; Editorial ORYMU, SA, octubre 2005, España.